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Obra
de nueva construcción,
residencia unifamiliar.
Ubicación,
Torrelodones, Madrid, España.
Arquitectura,
Ignacio Vicens.
Interiorismo,
Ignacio Vicens,
Javier de la Vega.
Estilismo,
Mirem Múgica,
Valentina Cuartero.
Mesas
diseño,
J.V.S.L.
Fotografías,
José Latova.
Retoque
digital,
G.A.D.
Cortesía
de la propiedad,
Alfonso de la Vega Alfaro
La casa de
la Avenida del Agua
Cuando
el propietario de esta casa descubre el precioso
terreno donde la construye posteriormente, atisba
la posibilidad de lograr al fin la paz y la
tranquilidad que necesitaba para realizar su
trabajo como profesional liberal de la música,
de una forma más armoniosa con la naturaleza.
El
terreno dispone de unas vistas al norte de
Navacerrada, al noroeste del Valle de los
Caídos, al este de la zona de el Escorial y al
suroeste de Gredos y a la llanura madrileña.
Todas
ellas, son dignas de encuadrarse como así ha
sabido hacer el arquitecto de la casa Ignacio
Vicens.
Vicens
relacionado con los propietarios, encuentra un
emplazamiento ideal para su arquitectura
minimalista de volúmenes entrecruzados.
Pronto
la orienta en la búsqueda de los paisajes como
tratando de encerrar en los huecos de las
fachadas, dos dimensiones ficticias que son
realmente tres.

La
rampa de acceso a la casa.
Su
distribución de los volúmenes, se ordena con
los usos y los espacios para definir zonas como
las de servicio, representatividad y vivienda que
se complementan relacionándose, en espacios
concretos muy similares en sus aspectos formales.
El
resultado es una sucesión de volúmenes en dos
alturas entrelazados y comprendidos entre si, que
generan con sus acabados y calidades sensaciones
muy tranquilas y desahogadas.
Cuando
uno se plantea criticar una obra de esta
envergadura, siempre tiene las dudas del porque
no se han realizado las cosa como uno hubiera
esperado.
En
este caso concreto en que es muy difícil
criticar nada, a uno le queda la duda de si la
interpretación de los usos de los habitantes de
la casa fue la correcta o no, de si en su caso
por tratarse de quien se trataba el arquitecto se
dejo a este que realizara su obra sin tener en
cuenta a sus usuario y la utilización
determinada del los espacios.
Concretando;
una casa como esta en la sierra para ser vivida
durante todo el año, desde mi punto de vista,
tenía que haber aprovechado más la luz y el
calor del sol en las épocas frías, protegiendo
estas zonas de cara al verano.
Aquí
se ha hecho al revés, se han potenciado las
vistas y zonas norte, en lugar del sur/suroeste.
Reconozco
que soy un adorador del sol y sobre todo del de
poniente, algo que los arquitectos odian por su
complejidad a la hora de ser combatido.
En
su lugar lo que podrían haber sido cuadros
magníficos de increíbles puestas de sol, se
convierten en pequeños retablos de dimensiones
reducidas.
Paramentos
y techos en acabados lisos y claros junto a
solados de cemento pulido, se solapan generando
amplitudes de espacios cálidos y continuos que
mueren en grandes ventanales en las zonas nobles
y en las habitaciones.
El
resto los complementos decorativos y
ornamentales, se disponen por la casa entre las
vivencias de sus propietarios, completando los
vacíos cromáticos que en ocasiones genera el
minimalismo.
Esta
ha sido una ocasión más en la que el trabajo en
equipo, acaba dando sus fruto, el minimalismo tan
poco es tan terrible, hay que saber entenderlo,
es más, siempre es un reto.
Javier
de la Vega
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